viernes, 22 de enero de 2016

Del parque de Las Heras a la Avenida de Los Libertadores

                                                       Miércoles, 5 de Julio de 2006
Nuestra intención era la de pisar algún que otro parque, dada la gran cantidad de cemento que llevábamos de días anteriores.- El primero que tropezamos con él, está justo enfrente del Museo Nacional de Bellas Artes, que terminaríamos visitando en la sección de tarde y que nos ha gustado muchísimo por la gran cantidad de pinturas que alberga – por cierto no abundan los motivos religiosos . En el Parque de Las Heras nos encontramos con algo que ya sabíamos pero que hasta ese momento no vemos con toda nitidad: la figura del paseador de perros; una persona por lo general joven con una gran retahíla de perros de distintas razas y tamaños que los saca a la calle para que hagan sus necesidades, se les ve cruzar los semáforos; esperar todos juntos a la entrega o incorporación de algún compañero y por lo general van todos en buena armonía.- El Parque en si no tiene buen aspecto: escasean los jardineros y obras públicas no se ven ni por asomo.- Algo más adelante llegamos al Jardín Botánico que era uno de los objetivos del día y salimos algo decepcionados de lo que vimos por la ausencia de cuidados aunque parece que había personal en el mismo.- Invernaderos, letreros de vez en cuando y una enorme cantidad de gatos de todos los tamaños y colores; muchas estatuas y poco más.- Decepcionante, a pesar de que alberga en el mismo recinto una escuela de jardinería y una biblioteca, pero todo en plan pobretón.- Cruzando la calle se llega al zoológico y eso ya es otra historia.- No me gusta este tipo de recintos, pero al ser en este país tenía interés por ver lo que albergaba: el lugar da la impresión que es el reducto de alguna exposición americana, que ha sido aprovechado para convertirlo en zoológico.- Hay gran cantidad de animales de todo tipo sin faltar los tigres, leones y elefantes.- Mucha animación infantil pero no deja de ser un mero exhibicionismo de animales privados de libertad; poca investigación y educación se ve en el recinto.- Llega la hora de comer y no nos complicamos mucho, hay infinidad de lugares para comer, se ven pocas tiendas por las calles, muchos kioscos de chucherías y algún que otro super, pero poco más.- La gente debe comer mucho fuera de casa.- Hoy el menú son unas papas con carne que quitan el hipo y un café con leche; V. saborea una cuña de pizza y una empanada y al camarero le faltó poco para decirnos que nos fuéramos que ya llevábamos mucho tiempo allí.- Un amable servidor del orden público – a los que siempre suelo preguntar – nos indica la dirección del Jardín Japonés, pero V. se siente preocupada por el estado de salud de su hija y esto nos hace cambiar los planes: descubrimos la inmensidad de la Avenida de los Libertadores con doce carriles en cada sentido, los espacios abiertos, un barrio de enormes bloques pero con pintas de algún que otro lujo y un Museo que se nos cruza en el camino de arte no sé qué, enclavado en un antiguo palacete del siglo XVI, que nos sirve de aperitivo para el Museo de Bellas Artes.
                                                      
 

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