sábado, 3 de octubre de 2015

Alcornoque


Aunque es evidente que estamos ante uno de los árboles más significativos de nuestra geografía, vamos a quedarnos en la Sierra de Cádiz, por ser quizás el lugar donde mejor se encuentran conservados en la actualidad, ya que existe un Parque Natural que toma el nombre de esta singular criatura. Quercus suber ( ese es su nombre científico) está proporcionando beneficios al hombre desde muy antiguo y no hablemos ya de los que proporciona a todo cuanto ser viviente decide tenerlo por aliado. Por supuesto que tiene familia: FAGACEAS y fue Linneo quien lo encuadró en el lugar que hoy ocupa en la tabla. Multitud de sierras abarca el PN Los Alcornocales, que se extiende desde El Bosque hasta el mismísimo estrecho de Gibraltar, a la sombra del torreón donde Guzmán El Bueno realizó aquella increíble gesta. Lugar propicio para que se contabilicen hasta dieciocho especies de rapaces y que se formen valles profundos y estrechos: los conocidos como canutos, en los cuales se desarrolla el bosque en galería, subtropicales, reductos de épocas pasadas, donde entre otros encontramos al acebo. Aunque el turismo rural presenta en esta zona características distintas a las de otros lugares menos avanzados, aún se encuentran rincones y personajes que bien merecen un cuadro de honor: la estampa del toro bravo poniéndoselo difícil al sensador de cigüeñas o la nariz aguileña del Gaspi en la estación de Gaucín o el merendero de Villaluenga o la casa de piedra de Cortes, los kilómetros de curvas con alcornoques. Ubrique con el curtido de la piel y Alcalá de los Gazules por su núcleo histórico parecen ser las poblaciones más importantes de este entorno, al que debemos finarnos como primera meta, respeto.
Es tanto el legado que encierran estos montes que tan sólo un acto de locura colectiva justificaría su desaparición. De la importancia del alcornoque como tal nos puede dar idea el hecho de que con el corcho se produce hasta piel, y nos lo podemos encontrar como elemento decorativo en sus más variadas facetas. El 75% de la producción mundial es española. El descorche se lleva a cabo con arreglo a una técnica muy peculiar: las cuadrillas van dirigidas por un capataz; la extracción del corcho la realizan los “hacha”, que suelen actuar por colleras; “los arrecogeores” acompañan a los anteriores y van amontonando las “panas” para que el “rajaó” las prepare para el transporte. La “saca” se realiza mediante caballería que llevan la materia prima al “patio” o cargadero. Por entre el bosque de alcornoques nos encontramos grupos de árboles recién despojados de su preciada cubierta, dando la sensación de ser un grupo de mocitas que salen de paseo luciendo sus medias de domingo de ramos.
El fuego alcanza cada verano cotas de primera plana, demostrándonos el terrible entramado de intereses que figuran tras los incendios forestales; sin embargo si dejamos a la Naturaleza actuar por sus propios medios resulta que esta terrible arma en manos de los hombres es la forma de competir que tienen ciertas plantas menos adaptadas para ganarles terreno a las pirófitas. Lástima que los pirómanos estén empeñados cada año en destrozar todos los planes de lucha contra incendios. Si en sus orígenes el hombre le fue ganando espacios a los bosques para poder cultivar, hoy día va camino, si no lo remediamos a tiempo, de caer en tres consecuencias (entre otras) catastróficas por este continuo devorar árboles: 1) Perdida de la fertilidad del suelo, con lo cual de poco nos va a servir tener donde cultivar. 2) Cambios climáticos el romperse el ciclo del cual forman parte indispensable los árboles y por último el empobrecimiento de la flora y de la fauna, lo que viene a denominarse biodiversidad y que tanto dieron que hablar tras la Conferencia de Río de Janeiro de 1992. Y es que al árbol debemos contemplarlo como algo más que una simple alcancía, debemos saber plantarlos, colaborar en plantaciones, crear viveros, jardines, huertos escolares, debemos atrevernos a presentar denuncias por agresiones sufridas por árboles y demostrarles a nuestras autoridades que las celebraciones forestales conmemorativas están muy bien, pero además hay que castigar a quienes atentan contra la vida de los árboles. De su importancia pueden dar idea estos versos de Leopoldo de Luís:
La tierra reconoce sus raíces
y reconoce el aire azul sus ramas,
las aves su verdor, sus cicatrices
el hacha y el hogar sus rojas llamas.

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