martes, 24 de marzo de 2015

Mitología

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Aunque cubras mi cuerpo de cerezas* verso de Gracia Iglesias

Aunque cubras mi cuerpo de cerezas*,
necesitarás todo tu ser para conocerme.
No basta un ejército de diez estrategas,
Más la caballería jadeante,
Si quieres cada suspiro de cada poro.
Pasa.
Las puertas están abiertas a la inexperiencia.
Hazme regaliz y conviérteme en la senda
De tus caprichos.

Saluda a las fantasías, dichosas hijas de Eros,
Con sus melenas impregnadas del cálido
Néctar del deseo; con sus puntitas bailando
Al son del fuego; entonando la agradable
Toca-ta y O-bertura en A bemol mayor.
Fíjate en como te llaman, lamias crueles.
Escúchalas y reposa, hipocampo exhausto,
En las profundidades de Tethis,
En el mar tropical donde gime Caribdis,
Entre remolinos de algas finas como hilos,
Ocultada entre acantilados ondulados.


Sosiega tu espíritu en el mío,
Deja que la bacanal crezca en nosotros
Hasta hacerse zumo de uva la boca.
Se dulce, que tus palabras traigan tiernos
Soplos de Céfiro.
Camélame.
Y, cuando sea la inocente Kore,
Arráncame la ropa y hazme sentir
La llama del Hades.
Toma los seis granos de grosella, siete…
Uno por cada vez que nos digamos: TE QUIERO.
Mandemos lejos a Metis,
Hagamos que Pan sea un mero silencio…
Hasta que las Moiras llamen.


Entonces, Morfeo será nuestro celestino;
Tu beso, bálsamo de la sed;
Némesis, justa: nos ofrecerá el campo
De las Hespérides para calmarnos, dichosos
Catadores de ambrosía –-otorgada por la joven Hebe-,
Nos hará inmortales.
Y cuando dríades aladas seamos,
Y en par a par volemos,
Posémonos juntos, como Urano y Gea,
A contemplarnos.

Aunque cubras mi cuerpo de cerezas…
De nada te servirán si no son picotas.



Ángela Ramos González.


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