miércoles, 6 de noviembre de 2013

Mentiras

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Ya no me dañan tus besos,
apenas te echo de menos.
El dolor de las promesas rotas se esfumó,
Aquel sabor a derrota dejó de estar presente.
Esa necesidad que me había inventado desapareció. 

 Miro al pasado y nunca te tuve, tú dispusiste: 
De mí, de mis sueños, de mi deseo. Pero hasta ahí. 
Los límites los ponías tú; y a mí, como embrujado, 
Me parecían que eran los adecuados, los máximos. 

Mas, lo sé, y no te culpo, me avisaste pero ya era tarde. 
Me había enamorado mucho antes, y había tantos sueños, 
Hicimos planes juntos; sí, es cierto, fantaseando, pero los hicimos. 
Y ahora, ni tengo ni me importa nada. 

 No te olvidé, el sentimiento no cambió tan sólo 
Lo hizo la realidad: mi realidad, tu realidad. 
Pero como cantaba aquella melancólica voz… 

“Ya no me dañan tus besos, ya casi no me acuerdo de ti, 
Apenas te echo de menos, por esta noche… yo sólo pienso en mí”*



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