jueves, 29 de agosto de 2013

Sobre la Arena

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El poeta vuelve al único lugar
Donde sintió ser algo más que un amante,
Entre las olas del mar y el olor de la arena
Aquella tarde, unas horas, la sintió suya.

Meses después ve como el mar se lleva su arena
Se esfuma su recuerdo, y no queda nada.
Inshalá, si al bañarse en él hiciera lo mismo con este dolor.
Pues hasta el amante más literal acaba cansándose.

La piedra aguantará mil veces la embestida,
El amante enamorado, mil promesas que nunca cumplió:
Regálame un solo día para nosotros, suéñame…
Triste roca incapaz de huir de su destino,
Estúpido poeta amante que no comprende el juego.

La arena, el mar y las rocas son un todo
Unidos por la espuma de la sal que les cimienta.
Uróboros. Serpiente que se muerde la cola,
Principio eterno sin final efímero.

Desilusión, lágrimas, promesas no hacer, esperanza,
Tiempo veloz cuyo nexo son sus palabras.
Aquellas regaladas para no cambiar el sentir del enamorado
Pero vanas y vacías, por saber, no se cumplirán.

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