miércoles, 16 de mayo de 2012

[El tamaño de un párpado]

Digamos que estamos en una habitación con mesas. Encima de las mesas hay vasos fríos. Las conversaciones circulan alrededor de gente sentadas en sillas. Hay música pero nadie la escucha, sólo refleja en las paredes que parecen sordas. También hay espejos, cuadros, vidrios…aunque todo eso ya parece secundario. Se ve la calle desde adentro como si ésta fuera feliz ahí afuera, y en un instante en el que nadie presta atención, alguien cierra los ojos. Pestañas que caen hacia abajo.


Es conocido que aún con los ojos cerrados, en ocasiones, las imágenes siguen vivas en la cara interna del párpado. La persona que los ha cerrado se llama…bueno, no es determinante para esta historia, diremos que es una mujer, con cabello negro y pecho tenso. Dentro de su pecho la sístole anima a la diástole en su movimiento hacia arriba, aunque ésta última le recuerda que todavía está triste, está cansada, necesita todavía el consuelo de su caudal de sangre caliente. Su sangre está caliente porque sus nervios están calientes. Está triste, lo hemos dicho, porque la muerte aleatoria ha apagado un cuerpo que estaba cerca de ella.


En otro punto de la habitación dos ojos se han quedado fijos en un mismo eje. En este fragmento de tiempo congelado sus ojos se han quedado muy abiertos. Se han quedado a punto de expresar energía pura de un sentimiento alegre. Él es curioso y estaba fijándose en los detalles de ella. Sólo los curiosos regalan tiempo buscando detalles. En la búsqueda de esos detalles una sinapsis se ha quedado a media distancia de su siguiente neurona. El cerebro, en su afán de construir cadenas de impulsos, llegará a una conclusión, él necesita ahora de toda porción de vida de ella.


Llegados a este punto lo que no saben nuestros personajes es que volverán a la misma habitación, una sola mesa, ellos dos, frente a frente. Los ojos de ella miraran los de él que a su vez estarán mirando los de ella. La mano de ella se enroscará en la de él y la conversación que girará en su mesa dejará su pecho en calma. Será el triunfo de la psicología que sube sobre la psicología que baja....aunque para llegar a un futuro es necesario primero agotar un presente.


En la habitación sigue habiendo un número plural de personas; en un extremo hay una mujer al lado de una ventana, y en el opuesto, hay un hombre cerca de una puerta que se abre pero también se cierra. Luego, otro instante, ya es común, nadie vuelve a prestar atención. Un niño balbucea, descubre su voz firme con su primera palabra. Aparentemente todo sigue igual. Aparentemente no ha ocurrido nada. Los vasos siguen fríos, la música que existe pero nadie escucha sigue reflejando en las paredes; espejos, cuadros, vidrios, el mundo suma otro instante, y ahora los ojos de la mujer de cabello negro y pecho tenso están abiertos. Sus pestañas volvieron a subir hacia arriba.

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