lunes, 2 de mayo de 2011

El arroyo y la montaña

Eres como el agua,
agua que cae en mi cima, refrescándome,
y que según baja por mi ladera,
me desgastas, trazando surcos
que me forman y moldean,
algunos cicatrices, otros admirables cascadas.

Y vas bajando,
y según me acaricias,
tus gotas están más cerca de mi alma,
y yo, henchido de ti,
según te acercas a mi corazón,
tus aguas van bajando más tranquilas.

Caes del cielo de vez en cuando,
pero por siempre aguantas en mi cuerpo y alma.
Me llenas de formas y colores,
unos verdes, otros azul turquesa,
sin tí sería piedra gris y estéril.


Sigues corriendo, juvenilmente risueña y alegre,
y sin embargo cada vez más fuerte y madura,
por esta ya vieja montaña,
que agradece que llenes de vida sus entrañas,
peces y animales,
musgos y árboles.

Sin embargo,
sólo me visitas temporalmente,
arrancando de mí finas partículas,
que te acompañan en el viaje,
en tu camino a un mejor lugar,
el mar infinito.

Y allí, eternamente,
los restos de mí en la playa,
tus olas me mecerán,
a veces salvajes,
a veces tranquilas,
en la paz de la inmensidad seremos uno.

1 comentario:

  1. Lo bonito de la poesía es que a cada uno nos hace sentir cosas diferentes; nos recuerda diferentes cosas.
    En ésta quise transmitir la "huella" que nos dejan esas personas especiales que pasan por nuestras vidas, dejando marcado parte de su ser en nuestro corazón.
    A ver si conseguimos que más gente descubra poco a poco la poesía.
    Saludos!

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